Rosalía enfrentó al público argentino: pidió perdón, fue absuelta y convirtió el escándalo en parte del show
Rosalía no llegó al escenario del Movistar Arena como la artista que simplemente venía a presentar un disco. Llegó cuestionada, observada y obligada a responder.
Durante los días previos, la polémica por la publicación que había compartido en sus redes sociales desplazó casi por completo a la música. Hubo fanáticos enojados, intentos de devolución, entradas ofrecidas en reventa y una incertidumbre que se mantuvo hasta pocas horas antes del recital.
El estadio finalmente estuvo lleno. Pero la previa no tuvo la efervescencia habitual de los grandes conciertos internacionales.
Rosario3 estuvo presente y pudo comprobarlo desde los alrededores del estadio. Gra. parte del público a pedido de la artista respetó el código de vestimenta inspirado en el universo visual de Lux, hubo blanco, negro, encajes, transparencias, cruces, brillos y referencias religiosas. Sin embargo, debajo de esa estética cuidadosamente preparada se percibía otra cosa... había tensión.
Había fanáticos que seguían molestos, otros que consideraban exagerada la polémica y también quienes, todavía ofendidos, habían decidido asistir para no perder el dinero de la entrada. No todos habían llegado dispuestos a entregarse desde el primer minuto como en cualquier otro show.
La gente quería ver el espectáculo, pero también escuchar una explicación, las disculpas publicadas en redes sociales no habían terminado de cerrar el conflicto. Faltaba que Rosalía lo dijera en persona, sin intermediarios y frente a miles de argentinos. El estadio completo esperaba que hablara.
La explicación que cambió la noche
El recital comenzó poco después de las 21. Rosalía apareció dentro de una gran caja de madera marcada como frágil y abrió el show con “Sexo, violencia y llantas”.
La imagen formaba parte del sofisticado dispositivo visual del espectáculo, aunque en Buenos Aires adquiría otro significado. Rosalía aparecía protegida, encerrada y expuesta al mismo tiempo. Era la estrella internacional que llegaba con cuatro funciones agotadas, pero también la artista que había molestado a una parte importante de su propio público.
Durante los primeros minutos, la gente observó más de lo que festejó, la puesta comenzó a desplegarse con precisión, sus músicos, bailarines, luces, estructuras escénicas y una sucesión de imágenes de gran impacto visual. Pero existía una conversación pendiente que ningún recurso técnico podía tapar.
Rosalía lo entendió. No esperó al final ni intentó esconder el tema detrás de una frase diplomática.
“Madre mía, qué lío el otro día”, comenzó, con una mezcla de incomodidad y humor. Explicó que había compartido rápidamente una publicación porque incluía una de sus canciones y admitió que no había reparado en todo el contenido.
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