La escena se repite en paradas del AMBA: filas largas, demoras de media hora o más y unidades que llegan colmadas.
Detrás de esa postal cotidiana hay números concretos. Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), dependiente de la UBA y el Conicet, advirtió que en abril la circulación de colectivos en el la región metropolitana de Buenos Aires cayó hasta 40% en algunas líneas, mientras que el promedio general muestra una merma cercana al 30% respecto de niveles operativos habituales.
El estudio señala que las líneas bajo jurisdicción nacional y bonaerense son las más afectadas, con bajas cercanas al 40%, mientras que en las líneas exclusivamente porteñas la reducción rondaría el 5%.
Traducido a la calle: donde viven y viajan millones de trabajadores del Conurbano es donde más se siente el deterioro.
La principal explicación es el salto de costos. Según el relevamiento, los subsidios se calcularon con un valor estimado del gasoil de $1.744 por litro, mientras que el precio efectivo superó los $2.100. Esa brecha de más del 20% dejó a muchas empresas operando con fuerte atraso financiero.
“Esperé 35 minutos en Constitución y pasaron dos juntos, ambos llenos”, contó Marta, empleada administrativa que viaja todos los días desde Quilmes hacia Capital. Su relato sintetiza el efecto de una ecuación económica que termina descargándose sobre los usuarios.
La espera la paga el usuario
El informe del IIEP también remarcó que el sistema ya venía debilitado antes del último recorte. En marzo de 2026 circulaban 12% menos unidades que en 2019, es decir unas 2.359 menos que en la prepandemia.
La suba del combustible y la reducción de transferencias públicas agravaron una estructura que ya mostraba señales de desgaste.
En La Plata, Berisso y Ensenada el impacto aparece con otra escala, pero con síntomas similares: menor frecuencia, horarios menos previsibles y coches saturados en horas pico.
“Salgo media hora antes porque no sé cuándo pasa”, explicó Joaquín, estudiante de la UNLP que viaja desde Berisso al centro platense.
La consecuencia económica también es silenciosa. Cada demora implica presentismo perdido, horas de trabajo descontadas o necesidad de gastar más dinero en remises o aplicaciones. El ajuste no cae sobre sectores privilegiados: cae sobre quienes dependen del transporte público para sostener su ingreso mensual.
Motosierra y números
Los investigadores calcularon que para recomponer plenamente la oferta actual harían falta alrededor de $17.500 millones mensuales adicionales en compensaciones.

La otra alternativa sería trasladar costos al boleto, con una suba estimada en torno al 16% extra. Es decir, el menú posible para el pasajero parece reducido: esperar más o pagar más.
Mientras desde el poder se insiste con la pelea contra “la casta”, la realidad muestra otra cosa. “No veo a ningún privilegiado acá, veo gente cansada esperando para ir a laburar”, resumió Ricardo, un jubilado en una parada de La Plata.
La motosierra, convertida en símbolo político, tiene en la calle un destinatario concreto. No apunta a quienes más tienen. Se siente, sobre todo, en el hombre y la mujer de a pie que siguen esperando el colectivo.
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