Un padre y su hijo rompen el récord mundial de lanzamiento y captura
David Rush y su hijo Jeremy, de 10 años, lograron el 3 de junio en Idaho un récord Guinness al lanzar y atrapar un globo de agua a una distancia de 43 metros (141,07 pies) sin que la superficie de goma se rompiera. La hazaña buscaba superar los límites de resistencia de las bombitas de agua y sumar un nuevo título al extenso historial de la familia en registros internacionales. El desafío exigió una planificación minuciosa para evitar que el proyectil estallara en el aire o al momento del impacto. Rush, quien acumula más de 200 marcas vigentes de la organización Guinness, identificó que la flexibilidad del plástico y la velocidad del disparo eran los factores más críticos durante la prueba. La clave de la marca radicó en la técnica empleada por el padre para maximizar el alcance sin destruir el globo. «Lo que hice al final fue probar un movimiento de catapulta donde giro mi brazo extendido en círculo y lo suelto cuando alcanza el punto más alto; utilizo la fuerza centrípeta para acelerar el globo y, cuando la velocidad va en la dirección deseada, lo dejo volar en un arco», detalló el plusmarquista en una publicación en internet. El joven Jeremy esperó la caída de la bombita en el extremo opuesto del campo, una tarea que requirió coordinación y paciencia tras varios intentos fallidos. Las corrientes de aire de la jornada condicionaron los primeros lanzamientos, pero la dupla logró ajustar la trayectoria y la recepción suave hasta completar la jugada sin derramar una sola gota. Con la verificación oficial de la distancia exacta y de la integridad del elemento, la organización confirmó el nuevo título para los dos participantes estadounidenses. El logro engrosa la lista de pruebas insólitas que el especialista en marcas suma a su trayectoria pública.
David Rush y su hijo Jeremy, de 10 años, lograron el 3 de junio en Idaho un récord Guinness al lanzar y atrapar un globo de agua a una distancia de 43 metros (141,07 pies) sin que la superficie de goma se rompiera. La hazaña buscaba superar los límites de resistencia de las bombitas de agua y sumar un nuevo título al extenso historial de la familia en registros internacionales.
El desafío exigió una planificación minuciosa para evitar que el proyectil estallara en el aire o al momento del impacto. Rush, quien acumula más de 200 marcas vigentes de la organización Guinness, identificó que la flexibilidad del plástico y la velocidad del disparo eran los factores más críticos durante la prueba.
La clave de la marca radicó en la técnica empleada por el padre para maximizar el alcance sin destruir el globo. «Lo que hice al final fue probar un movimiento de catapulta donde giro mi brazo extendido en círculo y lo suelto cuando alcanza el punto más alto; utilizo la fuerza centrípeta para acelerar el globo y, cuando la velocidad va en la dirección deseada, lo dejo volar en un arco», detalló el plusmarquista en una publicación en internet.
El joven Jeremy esperó la caída de la bombita en el extremo opuesto del campo, una tarea que requirió coordinación y paciencia tras varios intentos fallidos. Las corrientes de aire de la jornada condicionaron los primeros lanzamientos, pero la dupla logró ajustar la trayectoria y la recepción suave hasta completar la jugada sin derramar una sola gota.
Con la verificación oficial de la distancia exacta y de la integridad del elemento, la organización confirmó el nuevo título para los dos participantes estadounidenses. El logro engrosa la lista de pruebas insólitas que el especialista en marcas suma a su trayectoria pública.